viernes, 15 de julio de 2016

Besos de Coca-cola.





El amor cuando aparece no tiene plan "b" por si salen mal las cosas, no va buscando salidas de emergencia. Nos vuelve incautos, niños, tiernos, locos, tontos e incluso románticos hasta el empalago. La vida no es tan mierda, e inocente se presenta con mil posibles bajo el brazo, o bueno... unos cuantos, ver un puñado de puedos factibles hace perder la cuenta al mal acostumbrado. Contar estrellas ya no parece estúpido, da igual si se hace en un campo de amapolas rojas o desde la cama de tu cuarto, la cosa va de crear constelaciones nuevas que vayan desde tu risa hasta la nuca, desde la nuca hasta el ombligo y desde el ombligo hasta los labios. Llega rompiendo reglas, dejando palabras dulces, embelesando, poniendo patas arriba versos que hablan del brillo especial en los ojos, de pechos que se desbocan... de suaves caricias furtivas en calles oscuras, en parques, sentados en un restaurante o en la sala de un cine del centro, donde se mezcla el sabor de la Coca-cola extra grande, con besos de los que ahogan;
apasionados, largos, profundos, sin prisas... con mariposas.

El amor cuando aparece, nos hace brindar con el "de aquí a un año y a seguir disfrutándolo", y mientras bebes, lo que sea, la cabeza te dice que le parece corto, ¿qué brindis es ese?, diantres ¡que dure! y haya un siguiente, y un siguiente del siguiente, hasta hacernos viejitos y quedarnos sentados mirando pelis de las que nos gustan a todas horas, aunque lo único que hagamos sea dormir la siesta en el sofá abrazados, hablar de la vecina de enfrente o sacar algún recuerdo que haga sentirnos nostálgicos... y entonces nos daremos cuenta de todos los años pasados, de lo mucho que nos hemos querido y que arrugados seguimos siendo uno del otro centro y juntos pudimos con la aventura de amarnos.

El amor lo que tiene es que te despeina los sentimientos, tiene lo bonito de ir de la mano... es un luchar juntos cuando las fuerzas flaquean, no siempre se está arriba, que el mundo a veces nos contamina. Es estar cuando uno se viene abajo cargado de oscuros cuando no hay claros. Es perdonar a tiempo, es saber que sólo contigo puedo defender el castillo teniéndote al lado, aunque mis posesiones sean sólo quererte, un piso pequeño y aquél tirachinas de niña que sigo guardando. 
¡El amor es tanto!, que cuando no se tiene o no aparece, deberíamos parar el tiempo y preguntarnos qué es eso que nos impide poder encontrarlo.    

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