domingo, 17 de abril de 2016

Pequeños puñados de nada.




Son las mañanas de lluvia, los días apagados donde las ganas de levantarse escasean al comprobar que fuera todo parece dormido, los días que más te recuerdo. Son las calles solitarias, la lluvia golpeando el cristal, las habitaciones demasiado grandes, los tonos oscuros del cielo apoderándose hasta del color de los cuadros que pinté ayer, el café demasiado amargo, el no saber qué hacer nunca los domingos por la mañana, el ver expandirse en ondas cada una de las gotas que forman charcos... son montones de pequeñas cosas, que potencian aún más el echar de menos, el sentirse solo, el repasar historias.
Son los días en los que el sol no aparece, son las noches donde se termina el tabaco en un bar cualquiera y del gin tonic tan sólo queda mi boca pintada en el borde lanzando preguntas que yo solo escucho entre estridentes canciones, son un "baila conmigo" de anónimas voces y un mundo que gira a la inversa de como yo lo hago. 
Son las mañanas de lluvia, son los días nublados, las noches eternas en las que me pierdo, son las palabras que no se dijeron, lo fácil que resulta tocar las ausencias en determinados momentos... son las pequeñas cosas que surgen inevitablemente cada vez que siento las que siempre me traen tu recuerdo.    


2 comentarios:

  1. Coincido...las acciones se petrifican, se tornan inertes cuando los recuerdos te golpean con la fuerza de aquel momento...historias difusas que en domingos grises te gritan y hacen vibrar tu alma...

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