martes, 22 de marzo de 2016

Cabecita loca.




Los suspiros del domingo siempre se quedan enredados en mi pelo.
Se acomodan ahí, perezosos, negándose a irse de mi lado cuando el lunes me marcho temprano al trabajo. Se esconden entre mis rizos y cuando ven me paro un rato, bajan con sumo cuidado, saltan hacia mis mejillas, se cuelan entre mis labios sin darme cuenta, descienden hasta mis pulmones y desde allí, corren de nuevo hacia afuera a toda velocidad.


(Ilustración de Teresa Ramos).

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