lunes, 22 de febrero de 2016

Nada parece igual.




Lunes como los de hoy necesito vengas a ponerme cuerda después de un domingo atronador en el que por mucho que alargaba la mano hacia ti, no conseguía tocarte.
Las ganas de dormir se mezclan con olor a tabaco. La sensación de un debió ser más largo con el sabor de un café que he tomado demasiado rápido... Aún humea la taza vacía en la mesita y la imagen de la despedida se entremezcla con las sábanas por el suelo. Esta noche ha sido una de pocos sueños donde creí te encontraría entre las vueltas que me impedían dormir.
Reconozco que la culpa es mía, que sigo diciéndote un "ya nos veremos" y no tengo fuerzas para el "quédate". Que sigo creando espacios vacíos ante la idea del "así es mejor". No sé si me engaño tropezando a posta con el "nada es para siempre" y prefiero quedarme en mitad de la puerta, diciéndote que entres cuando tengo necesidad de sentir y despidiéndote cuando la vorágine de un todo me deja sin aliento para seguir.
Y espero, espero imaginando tu regreso creyendo que eso es lo que aviva el que luego cuando estemos juntos, no paremos de mordernos bocas, de comernos con miradas, de entrelazarnos almas... Dime si no es así mejor. Dime que no estoy equivocada, dime que así es imposible caer en la rutina diaria... que así es más fácil tirar de la vida si todo se acaba.
Reconozco que la culpa es mía, que sigo sin fiarme de palabras que me quitan la razón... Pero el otro día, el otro día aún no se que me pasó. No paro de darle vueltas. Estábamos agotados, habíamos estrujado las horas, reímos, hablamos, amamos de mil maneras y cuando ya no teníamos fuerzas, medio dormido, un "te amo niña" salió de tu boca. Un te amo con todas sus letras... Sí, el otro día, aún no se que me pasó. Hoy no puedo dejar de pensarte y desde entonces  hay algo que me duele en el centro del corazón
.