martes, 29 de diciembre de 2015

La última copa.


   
         


Se metía en mi cama cada vez que quería saber lo que era el amor y a la mañana siguiente no recordaba ya nada, vestía su orgullo, decía un te llamo y salía del cuarto tras tomar un gran trago del whisky barato que había traído y dejaba muy cerca del televisor...

Y pasaban los días tan lentos, tan grises, tan cargados de nada, tan llenos de ganas de oír sus palabras que llegaban tarde pero que esperaba;

"Perdona no llame, he estado ocupado observando la vida desde este otro lado. Mañana lo hago, que paso a buscarte, veremos la luna, yo pago la cena... que soy un idiota, que tú ya lo sabes. Ponte el vestido rojo, ese que sabes me vuelve loco".

Y llegabas de pronto con cara de niño, diciendo mil cosas, yo creo que herido... Hablando del mundo, del qué guapa estaba, del pufo del coche, de tu antiguo trabajo, hablando del tiempo o del aquél invierno que todo lo pudo... 

Se metía en mi cama cada vez que quería saber lo que era el amor y a la mañana siguiente tras irse despacio mi cuerpo desnudo le decía a gritos un hoy no te vayas, bebámonos juntos otra última copa que quiero escucharte decir que me quieres al salir el sol.