martes, 31 de enero de 2012

No os vayáis...

 


Caen las primeras nieves, hoy éstas cubren parte de mi reino dejando a la vista parajes de un blanco tan puro, tan impoluto, que solamente verlo tras el cristal de la ventana me hace tiritar y encogerme dentro de mi enorme chaqueta de lana como si con ello pudiera sacar esta sensación de frío que pareciera traspasarme hasta los huesos.

Hoy todo quedará cubierto; los campos que perdieron cada una de sus flores a mitad de octubre, la colina a la que me gusta subir a gritar tu nombre, el camino que lleva la indicación a ninguna parte y que señala justo donde está mi casa, el huerto con las últimas calabazas que con el frío se conservaron y ahora mueren ahogadas por un grueso manto blanco... caen las primeras nieves y hoy siento el frio tan adentro.

Hoy vuelvo a perderme entre mil pensamientos, vuelvo a recoger trozos de lo que fui en el pasado, a mi mente regresan imágenes del ayer, vuelvo a preguntarme qué voy hacer con los sueños que se quedaron a medias, esos que en ocasiones regresan para decirme que no se han ido, que siguen vagando por el aire sin saber dónde ir... están ahí, y yo intento retenerlos con promesas, sigo haciéndoles ver que quizás algún día... no sé, tal vez algún día... pero sé que no podré realizarlos, sé que el tiempo, que mi vida se ha encargado de hacerlo todo demasiado complicado y aún así, los retengo porque tengo miedo de perderlos del todo, de vivir sin ninguno, de quedarme sin nada. No puedo dejarlos marchar.

Y cuántos han dado por perdidos sus sueños, cuántos los dejaron ir, vieron que imposible reinaba, abrieron los ojos y simplemente se conformaron con ver pasar el tiempo a la espera de lo que viniera. Yo no puedo... no puedo dejarlos, no me puedo conformar, no puedo abandonar aquellos que tuve y que aún hoy vuelven para sacarme de la monotonía de las cosas, vuelven para hacerme volar con ellos, vuelven para recordarme que sigo siendo la misma, la que se pierde entre mil pensamientos, la que tan sólo intenta tocarlos por un momento.

Caen las primeras nieves y hoy tras el cristal de mi ventana mientras miro los helados paisajes vuelvo a repetirme de nuevo en voz muy baja... algún día, quizás, quien sabe... algún día. 

Pintura de Ivan Choultse "Nieve".

jueves, 26 de enero de 2012

Te amo.


Me he sentado ante una hoja en blanco con la intención de decirte todas esas cosas que se amontonan dentro de mi apretando el corazón de tal forma, que estando a tu lado, el rápido palpitar las mueve desordenándolo todo, desordenando las frases... esas que al salir parecieran quedarse a medias mientras intento buscar el orden correcto de cada una de ellas, esas que envuelven sentimientos tan pronto felices por estar contigo, como tristes al pensar lo duro que es no tenerte siempre a mi lado, y es que... me resulta difícil no respirar tu mismo aire, no verme reflejada siempre en tus ojos o no sentir constantemente la suavidad de tus manos al roce con las mías.

Me he sentado ante una hoja en blanco para decirte cosas como estas, que al igual que me elevas y me haces soñar como nunca antes, me desplomo sin remedio cuando me veo sola ante el resto... el resto, gente que piensa que estoy demasiado loca, gente que me ve con la mirada perdida, con un lápiz, una hoja... gente que me ve reírme al recordarte, llorar al extrañarte... llenar de suspiros el aire, jugar con mi pelo mientras te nombro... y a todo esto, aún ni si quiera he puesto la primera frase.

No sé cómo explicarte que pareciera quedarme hueca cuando no estás, que ese montón de palabras que luchan por salir fuera en tu presencia, salen enmudecidas entre los suspiros cuando te echo en falta, dejando pequeños mensajes en el aire que tan sólo puedo entender yo, pequeños mensajes que hoy me he propuesto escribirte y que intento sacar afuera mientras me pierdo en tu imagen grabada en mi mente, mientras escucho pasar los segundos en un reloj que ha sustituido su tic tac por un no estás.
Así empiezo mi carta, y al intentar escribir el primero de mis mensajes, me he dado cuenta de que todos son iguales...

Hoy he escrito en un folio en blanco dos palabras.

lunes, 16 de enero de 2012

Pequeña.


Me he visto pequeña... hoy he visto caer un gran roble muy cerca de la casa que sigue esperando a que se cumplan determinados sueños. Esa casa donde me resguardo cuando no puedo más, cuando agotada caigo después de comprobar que por mucho que haga hay cosas que no se pueden cambiar.
Hoy he visto un gran roble partido por la mitad, con sus raíces desnudas... pareciera un gigante dormido en un lecho de finas briznas de hierba, un gigante que no pudo aguantar los envites de la vida y que ahora me muestra lo delicados que podemos llegar a ser... que podemos mostrarnos fuertes, aparentar que nunca nada podrá con nosotros pero que en realidad todo son eso, apariencias.
Tan majestuoso y ahora yace en el suelo descubriéndose por dentro, enseñando que hace falta más que un tronco enorme para sujetarse... hoy al lado de ese roble me he sentido débil, pequeña. Me he sentado muy cerca, he tocado su corteza y sin darme cuenta, mientras lo hacía he mirado mi casa... he visto el humo blanco de la chimenea perderse en un cielo azul plomizo, he visto los verdes y húmedos campos que la rodean, las colinas a lo lejos cubiertas de oscuras nubes... pareciera que hoy mi reino quisiera llorar. Mi casa... quizás ella también se caiga, quizás un día no hayan más sueños que guardar o desaparezcan los que ahora hay... todo se cae. Quién la reconstruirá luego.
Hoy me siento débil... hoy veo un gigante en el suelo y si él no ha podido salvarse como podré yo, tan pequeña, evitar caerme con un puñado de sueños que ni si quiera tienen raíces que los aten a la realidad.

Ilustración de Duy Huynh.

lunes, 2 de enero de 2012

Quiero ver... colina arriba.




Hay días que no puedo evitarlo, que mis ganas de volar alto se hacen tan patentes, que necesito salir fuera... que necesito ir a la colina más alta del reino para sentir la brisa en mi cara, para imaginar el cómo sería desde allí desplegar mis alas, esas que malheridas aguardan el momento exacto en el que poder extenderse para así llegar a tocar tu cielo...
Hay días que corro colina arriba y como si fuera una niña ilusionada me imagino las cosas distintas mientras la respiración se agita...  pienso que habrá algo que hará que ese día y no otro, me haga elevarme del todo... y sueño, sueño con mi secreto transformado en sorpresa cuando me veas llegar volando hasta tu puerta... sueño con que me recibirás sonriendo, que cogerás mi mano y me seguirás sin miedo hacia ese lugar en el que tantas veces me he perdido pintando estrellas, en el que me escondo entre amapolas rojas y susurrando te llamo mil veces esperando repuesta cuando soledad a mi puerta toca.
Quiero llevarte allí... quiero enseñarte mi reino. Quiero que veas mi cielo, mi casita de chocolate, mi camino de adoquines dorados, mi jardín lleno de no me olvides, mis farolillos encendidos en el camino...
¡Quiero enseñarte tantas cosas!... quiero que veas mis tréboles de cuatro hojas, esos que planté con el deseo de repartirlos a aquellos que como yo, se quedaron un día con las alas rotas... quiero enseñarte el lugar donde apareció la bruja cuando intentó llevarme. Allí, han nacido miles de flores de diferentes colores que nunca se marchitan y llenan los jarrones de una casa que espera por ti, que espera compartir risas... tus risas, tus palabras, tus caricias. Una casa que sin ti, no importa lo que la llene pues siempre se verá vacía.
Puede que hoy no lo consiga, que cuando llegue colina arriba no pueda elevarme lo suficiente y tenga que seguir esperando... puede que no llegue hasta tu puerta a darte la mano, pero no por ello dejaré de correr a ella cada mañana, no por ello desistiré... he aprendido a ser paciente, a no dejar de intentarlo  y ¿sabes porqué amor? porque cada vez que voy me elevo un poquito más del suelo.
Hoy de nuevo corro colina arriba, quiero ver si conseguí poner bien las últimas plumas, quiero ver cuanto más puedo despegarme del suelo. Hoy... hoy quiero soñar de nuevo.


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