martes, 20 de diciembre de 2011

Puede que...


Puede que sea inútil hacer determinadas cosas, puede que me proponga  llevar a cabo tareas imposibles confiando demasiado en la esperanza, esa que como si fuera una niña, juega a esconderse tras las esquinas aguardando a que las sonrisas florezcan para abordarme, llenarme de pájaros la cabeza y hacerme creer que sí, que puedo.
Puede que me engañe en determinados momentos, que viva rodeada de sueños que nunca llegarán, que me engañe con verlos cumplidos pintando así de suaves colores los días imperfectos... puede que aún siendo enemiga de la mentira me agarre a esa que me dice que puedo, esa que hace más dulces las tristezas que intentan hacerme bailar melodías lentas, abrazándome sin piedad y dejándome en ocasiones sin poder respirar.
Lleva días que Tristeza me quiere sacar a bailar, oigo notas demasiado lentas y a pesar de que me esconda, la maldita me encuentra aunque me canse de decirle que yo no bailo, que dance sola... pero sigue la música... la música siempre sigue. Y es que  la vida pareciera que se encargara de ir poniendo en un viejo tocadiscos canciones, envolviéndonos en notas... unas veces tristes, otras alegres, haciendo de nosotros bailarines que bailan al compás que nos dicta.

Hoy estoy sentada, espero en una fría silla en medio de un salón enorme con suelo de roble. Un salón iluminado con pequeñas bombillas. No hay nadie, no se ve más que una pista de baile, no se vislumbran paredes y me rodean tonos rojizos, castaños y apagados dorados. Sshhhhh... abren una puerta. De entre las sombras, alguien aparece con un viejo disco en las manos que suavemente coloca en una especie de gramola que hay en un rincón de la sala.
Hoy no sé qué música sonará en mi vida, tan sólo quiero mirar a la oscuridad del fondo, tan sólo espero que aparezcas tú y no Tristeza, no... que no venga ella a sacarme a bailar... sé que si tú llegas, no me ahogarán unas lentas y apagadas notas... sé que si tu llegas volveré a respirar.

Ilustración de Jordi Sábat.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Ven...



Ven... recuéstate aquí a mi lado,
deja que mis manos te acaricien, te quiten miedos,
te guarden de ese futuro que ves incierto.

Ven ... cobíjate en mis brazos,
deja que ellos rodeen los tuyos
formando una coraza, un refugio,
un lugar donde no importe nada,
donde las horas pasen lentas,
donde a cada segundo los besos
en tu mejilla se pierdan...

Ven... quédate,
déjame que sea yo la que te proteja,
la que despacio baile entre tus piernas,
la que te robe el aliento mientras sueñas,
la que te devuelva entre suspiros el aire,
la que te haga olvidar el triste instante
que pudo llegar al corazón asfixiar...
que la soledad no va a llamar a tu puerta.
No... yo no la voy a dejar,
quédate conmigo,
quédate conmigo,
quédate... que ella no te llevará ya más.

lunes, 5 de diciembre de 2011

Malos presagios...


Se acercan tiempos difíciles... miedos que resucitan cuando creí enterrarlos entre montones de "sí... yo puedo".
Se acerca algo que hace que me estremezca, algo que me marea haciéndome caer entre un lecho de amapolas negras.
...

Hoy he visto caer una estrella, una de aquellas que te mandé cargada de besos para que te diera todos los que yo no puedo darte cuando estoy lejos. Se ha caído en la copa del árbol muerto. Se ha quedado enganchada allí arriba, en lo más alto.
Y aquél que me sirviera para llenar sus ramas de notas diciéndote "te quiero", ahora pareciera morirse de frío porque ya no le queda ninguna... ya todas se las llevó el viento. Ahora lo veo demasiado grotesco, atrapando mi estrella con sus retorcidos dedos. No puedo dejarla ahí... no puedo... debo salvar mi estrella antes de que se quede tan seca como mi el árbol muerto, no quiero que atravesada por esas pequeñas ramas deje de brillar, deje de mostrarte lo que te quiero con tantos y tantos besos.
Hoy he trepado por un árbol... uno bien enorme, he deseado que estuvieras cerca para que vieras que era valiente, que por ti me subiría a lo más alto aunque me mareara o sintiera miedo... ese miedo de caer, de no llegar al final porque no soy capaz de arreglar ni el principio. Miedo a no llegar y quedarme atrapada tan sólo en un recuerdo que el paso del tiempo se encargaría después de borrar dejándome sin espacio en tu memoria aunque fuera pequeño.
Hoy la estrella clavada en la copa de un árbol muerto me trae malos presagios, me trae temores, me trae cosas malas y no estoy dispuesta a pasar por ello... ahora no, ahora que creía estar haciéndolo todo bien... ahora que había conseguido que hasta la bruja me tuviera miedo.
Tengo que trepar hasta lo más alto y salvar mi estrella, no importa lo que me cueste... tengo que alcanzarla, curarla, susurrarle mis palabras mágicas para que de nuevo suba hasta tu cielo.
No quiero ver caerse ninguna de mis estrellas, no quiero pensar que esta pudiera ser la primera de una lluvia que te dejaría el cielo a oscuras... no, no quiero.

Ilustración de Nicoletta Ceccoli.