miércoles, 24 de agosto de 2011

Tiempo y estrellas.


Ahora tengo la prueba de que no perdonas, de que eres cruel, de que no me dejas disfrutar de aquello que tanto necesito. Otra vez me pones en mi lugar demostrándome que no puedo vivir con recuerdos de un ayer cercano que parecía perfecto... el tiempo... el tiempo que intenta borrar lo que con alfileres de añoranza intento prender a mi corazón, a mi alma.

Hoy las estrellas pareciera que no brillan, por mucho que las busque pareciera que todas se han caído, que ya con ellas ni mi camino te puedo señalar, ¡hace tanto que jugaba a ponerlas todas muy cerca para que pudieras verme a lo lejos!... ¡hace tanto que te enseñé el camino!. Y aunque sé que ya lo conoces siempre las dejaré ahí, ellas esperarán conmigo tu vuelta, acompañándome en tus ausencias.

Tiempo que juegas con mi destino, que te encaprichas en dejar atrás cada momento que necesito eterno, que haces fugaz cada instante que más quiero... tiempo... tiempo... le culpo por pasar sin más cuando necesito pararlo, le culpo por detenerse cuando no estás.

Hoy como si de una señal de socorro fuera, vuelvo a colocar de nuevo cada una de mis estrellas después de volver a pintarlas con el color más brillante, hoy espero que las veas más bonitas que nunca... hoy sólo quiero mirar al cielo y pensar que en alguna parte tú las estarás mirando esperando igual que yo, en tu vuelta amor... sí, tu vuelta.

viernes, 19 de agosto de 2011

Vacío.



Y espero esa mano que me saque de la duda,
del infierno, de las incertidumbres,
de preguntas sin respuesta,
de vacíos que me aprietan.
Espero esa mano...
esa palabra tan necesaria
cuando el silencio responde 
en cada uno de los rincones de mi propia casa.
Y no hay señal, no hay camino,
ni mano, ni palabra...
sólo esta sensación de vacío
que consume esperanzas,
que detiene el tiempo,
que hasta roe el alma.
Vacío... sólo vacío.

Qué será que cuando uno se pierde, encuentra siempre el camino hacia el precipicio. 

viernes, 12 de agosto de 2011

Te recuerdo.


Y sigo capturando cada momento, cada frase, cada gesto... sigo metiéndolos en mi memoria para encontrarte cuando no estás, para hacer esta espera más dulce, para traerte de nuevo a mi lado, como siempre que te sueño.
Hoy vuelvo a recodar cuando te tenía cerca, cuando las horas volaban... cuando los besos querían transformar en mío todo lo que intentaban suavemente rozar... y es que este corazón, este cuerpo, esta boca, dicen que eres dueño de lo que tengo.
Calla tú sentimiento que me afliges cuando está lejos, calla... porque no quiero escuchar que pudiera llegar a olvidarse cualquiera  de nuestros momentos, deja que el tiempo pase rápido hasta poder encontrarle de nuevo... deja que me quede por siempre con cada uno de sus recuerdos.
Hoy igual que ayer, mi yo al completo sólo puede pensar una cosa... amor, te echo tanto... tanto de menos.
Mientras no estés recuerda... yo siempre te recuerdo.

Ilustración de Duy Huynh.


jueves, 4 de agosto de 2011

Sigo tejiendo.


De repente han empezado a caerse las hojas de todos lo árboles de mis bosques... han empezado a secarse las flores... los caminos se han cubierto de hojarasca, el aire huele a tierra mojada y los rayos han empezado a dibujar infinidad de nervios iluminando con tonos grises cada uno de mis rincones. Qué ha pasado para que de repente todo parezca marchitarse al son de un viento que no me trae ya nada. Dónde se fueron los quieros, dónde están ahora esos sueños que intenté poco a poco tejer para acortar distancias. Quizás los hilos no eran lo demasiado fuertes... quizás enhebré en las agujas demasiados miedos... demasiados imposibles y ahora me toca caer en la tormenta... volver a quedarme seca mientras veo deshilacharse cada punto.
Ensimismada... perdida, contemplo mis manos echándome la culpa por no haber encontrado la forma de hilvanar mi vida pegada a ti.
Hoy los rayos caen demasiado cerca... la lluvía empapa campos, arrastra hojas. Hoy levanto la mirada al cielo y sólo espero que este agua se lleve lejos todo lo que tan mal he hecho, que se lo lleve el agua, para así mañana volver a tejer con hilos más fuertes dejando atrás temores que sólo sirven para desalentarme u oscurecer los días.

Hoy he aprendido que no siempre se acierta, que nos equivocamos demasiadas veces... que bien está reconocerlo y mejor aún rectificar. Vuelvo sobre mis pasos buscando el momento exacto donde aparecieron errores, quiero quedarme con lo que mereció la pena y después recordar que siempre tras la tormenta... podemos, cómo no, volverlo a intentar.