domingo, 30 de enero de 2011

Tiempo.

Jamás he podido soportar el ruido de los relojes, esos aparatos que se empeñan en marcarnos el tiempo y  demostrarnos lo fugaces que pueden llegar a ser las cosas. Jamás me ha gustado llevar uno y aún así me veo con el castigo de tener que hacerlo para saber dónde debo de dejar los segundos, minutos... las horas de una vida cronometrada. El tiempo no se detiene... nunca espera a nadie, siempre pasa... y el tic-tac siempre está recordándolo.
A veces mientras sueño, consigo viajar en él, consigo ver antiguas esperanzas que flotando en el aire se quedaron varadas en medio de nada, esperanzas que duermen pero que yo empujo intentando despertarlas, consigo ver pequeñas y grandes cosas del pasado... las sonrisas de cuando era niña... las palabras de aquél que parecía un sabio, los largos paseos de noche, descalza, pisando la arena de nuestra playa... besos que arrancaban dulces quieros... recuerdos.  Y me despierto... y vuelve de nuevo el tictac... y me río, hoy he vuelto a recordar, he vuelto a revivir pasados, hoy he viajado en el tiempo soñando y mientras lo hacía, era éste el que esperaba a que yo despertara para ponerse en marcha.
Tic-tac, tic-tac...

4 comentarios:

  1. Tic-tac, tic-tac... y el tiempo pasa.

    ResponderEliminar
  2. Yo desde entonces siempre llevo un reloj de arena, para darle la vuelta solo cuando me interesa, así parece que el resto del tiempo está parado...
    besos querida amiga precioso.

    ResponderEliminar
  3. Lo que peor llevo es el sonido en la madrugada del segundero del reloj despertador; sobre todo cuando no puedo dormir: es una tortura insoportable.

    ResponderEliminar
  4. Esa Hermoso, siento exactamente lo mismo.
    Es Una pena que sea necesario, quisiera vivir en un mundo libre de ese tic tac

    ResponderEliminar