viernes, 31 de diciembre de 2010

Las doce campanadas del último día del año.

Y durante las doce campanadas, el reino permaneció inmóvil, guardando silencio y esperando a que el recién estrenado pasado se abriera paso por un agujero en el cielo para irse a otro lugar... todo quedaría vacío por un instante y luego, tras el primer segundo del nuevo año, empezarían a flotar en el aire los nuevos quieros, sueños, deseos y un montón de propósitos para los siguientes 365 días... todo volvería a llenarse de magia, de cosas nuevas... el tiempo empezaría a correr en el nuevo año y con el, una rejuvenecida esperanza.

-Esperanza dime... ¿nunca te cansas?
-Nunca, recuerda nuestro pacto; "Siempre juntas, siempre de la mano".
-Sí, pero yo...
-¡SSSShhhh!, venga vamos.

3 comentarios:

  1. Todos los 31 de diciembre sustituimos las pilas ya agotadas por unas nuevas y relucientes, recién compradas en la tienda. El ritual se repetirá siempre... hasta que ya no haya recarga posible. Mientras tanto, caminaremos de la mano de nuestra amiga Esperanza, la que nos llena de besos en los momentos alegres, la que nos consuela en los llantos, la que nos da una colleja cuando dudamos o queremos arrojar la toalla.
    Bueno, Rebelde, me despido hasta el año que viene. No te mando más felicitaciones porque ya no sé que decirte o sea que nada, un beso y marcho a buscar mis calcetines "coloraos". ¡Chao!

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  2. Jajaja hazte una foto que eso es para verlo jajaja. Yo me voy a poner guapa también que ya voy tarde... mil besos.

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  3. ¿También te pondrás algo rojo? Jajajaja.
    En cuanto a lo de ponerse guapa, si ya lo eres, mujer, poco arreglo necesitarás. Pero lo de llegar tarde debe ser una virtud muy generalizada, conozco a alguna que también le pasa igual. Bueno, espero que lo hayas pasado de muerte, un abrazo.

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