sábado, 1 de abril de 2017

Mareas



Es la incertidumbre que se instala
entre el corazón y la cabeza
la que nos vuelve locos,
es el no saber lo que te espera
entre el interrogante y la respuesta que tarda,
o peor aún, la que no llega...

Y se tambalea el paso,
y la duda hunde,
y la marea arrastra
cuando el camino que creías firme 
lo traga el agua.

domingo, 12 de marzo de 2017

Estrellas



Y buscábamos estrellas tumbados en la hierba, escapándonos de respuestas absurdas que nos dejaban al aire futuros inciertos. Buscábamos la fuerza cogiéndonos las manos, intentando marcar barreras hacia aquello que pudiera hacernos daño. 
Me gustaba creer que de la mano, tumbados, abrazados, enroscados, juntos, podría escapar de la parte mala del mundo, la parte codiciosa que nunca dudaba en quedarse con las buenas historias, con las ilusiones o sueños, con las palabras mágicas que deshacían entuertos, con aquellas poquitas vidas que deberían de servir de ejemplo a tantos y tantos necios...
Nos gustaba luchar a nuestra manera y a veces sólo podíamos hacerlo mirando al cielo. Tumbados, levantábamos los brazos haciéndonos dueños de todo lo que podíamos abarcar con ellos, tú me decías las cosas buenas que hacer con tu parte, y yo, yo bajaba mi brazo pegado al tuyo y saltando desde mis estrellas brillantes a las tuyas, te entregaba mi mundo lleno de esperanzas, deseando aceptaras y así compartir... compartir para siempre, estando a tu lado, sin miedo a quedarme sin ti.

jueves, 15 de septiembre de 2016

Las pequeñas cosas que nos salvan



Fuiste un cúmulo de afortunadas coincidencias llegadas demasiado tarde y aunque ambos sabíamos que era así, cada vez que nos encontrábamos, nos gustaba pensar que podíamos cambiar tiempo y espacio, creando nuestro propio mundo a salvo de los demás, juntos, abrazados, de la mano, pegados el uno al otro o rozándonos con la mirada en el mismo cuarto. Lo hacíamos saltando sin paracaídas sobre nuestros cuerpos sabiendo que éramos uno colchón del otro; jugando a cabalgar por las calles oscuras, subida a tu espalda, tras tomarnos la última en el bar más viejo de la calle Esperanza, ese que se llenaba de gente y tú no había noche que no aprovecharas descaradamente para meter tu mano bajo la falda, e incluso lo hacíamos riéndonos, riéndonos de la estupidez de los que no sabían de estudios tan concienzudos como los nuestros, sobre cuántos besos cabían entre tu oreja izquierda, girando por el cuello hasta llegar a tu hombro derecho, o desde mi boca al ombligo sin hacer paradas...
Íbamos disfrutando de esa manera de las pequeñas cosas, juntos, abrazados, cogidos de la mano. Cosas como la locura de querernos cada día más, como ver llover tras las ventanas esperando que el aguacero se fuera para abrirlas y oler a tierra mojada... Cosas como lo de escaparnos cada cierto tiempo para volver a la habitación de aquél hotel donde me desnudabas la primera vez, o como callarnos cuando en el coche poníamos al Último de la fila y al llegar a "aviones plateados" dejábamos de cantar para escucharla... Te conocí rondándome con tu coche rojo, poniendo sus canciones viejas, fumando Marlboro y haciéndote el despistado para que no supiera que andabas buscándome en tus horas muertas.
Sí, puede que llegaras demasiado tarde, pero qué importancia tenía. Me fabricaste un mundo en el que me sentía a salvo con un puñado de afortunadas coincidencias, que terminaron siendo previstas casualidades y me gustaba eso, no sabes cuanto me gustaba eso.