viernes, 6 de septiembre de 2019

Canciones para volar.



Tengo una libreta llena de algún que otro garabato,
quizás media docena de dibujos buenos, 
fotos de amaneceres,
 pequeñas rimas escritas con letras grandes, 
historias que se me ocurren y miles de esos 
detalles tuyos que me recuerdan una canción. En ocasiones,
escribo el estribillo mientras la canto,
otras dejo el título a medias, e  inacabado, 
me pierdo pensando, y se llena mi cabeza de pájaros de colores que vuelan en todas direcciones,
 y vuelo...
me transformo en uno de ellos. Siento el acariciar
del aire, el vértigo de las subidas acelerándome el corazón. Oigo cuando planeo la música y aparece entonces ese momento exacto, ese gesto, esa palabra,
ese lugar que estando contigo se hizo tan especial, 
y giro,
giro volando sobre mi misma,
dando mil volteretas de felicidad.

Tengo la manía de apuntar el tiempo que te dedico y aunque hace ya mucho desde que te fuiste, no hay hoja que deje sin número, ni día en la semana en la que me quede sin canciones con las que volar.


sábado, 17 de agosto de 2019

Nunca dejes de hacerlo. (Suposiciones tras la batalla).



Supongo que vuelvo cada vez que te recuerdo, cada vez que necesito curarme de estos tiempos difíciles en los que se hace ayuno de cosas tan indispensables como es hablar del amor, donde se finge ser lo que queríamos aquellos días que hablábamos de sueños y grandes propósitos y que puede llegáramos a rozar con los dedos pero nunca alcanzamos cumplir... supongo que mi reino sigue siendo ese pequeño refugio en el que descansar tras las batallas.

Vuelvo a quedarme con preguntas... 

Estoy sentada muy cerca del río donde solíamos bañarnos desnudos, ese en el que aprendí a dejar a la orilla vergüenzas y temores producto de la inocencia y que tú supiste quitarme con palabras y besos por allá en un mes del año donde empiezan a salir mil flores y se llenan los días azules de enormes nubes blancas que inundan el cielo y no es otro más que finales de Abril. Recuerdo muchas de las que me decías, las que me hacían ruborizar, las que ensanchaban el pecho produciendo felicidad, las que se enroscaban con sutileza desde el hombro hasta la oreja para terminar posándose en mi boca y me hacían corresponderte con un viaje de tu boca al hombro y desde allí hasta tu muñeca para luego meter mi cara entre tus manos y sentirme tan protegida que hacía inevitable el no querer irme nunca. Lo fácil que resultaba entonces decir que nos queríamos, lo fácil que resultaba escapar del mundo y sentir, tan sólo sentir  ... me pareciera estar oliendo ahora recordando, el aroma de las margaritas, esas que tras el baño arrancabas mientras me secaba el pelo tumbada en la hierba, para decorar mi alfombra negra de amarillos y blancos a la vez que te oía contarme deseos, deseos igual demasiado bellos pero que nunca pensabas se dejarían sin poder cumplir. Siempre te gustó lo de enredarme flores en el pelo.

Hoy me quedo con dos preguntas, supongo que la añoranza, las prisas, siempre las prisas, el dar por sentado muchas veces y callarnos, o simplemente el cansancio, nos pierde entre todo aquello que no queríamos ser. Nos convierte en otros y yo famélica de palabras tiernas me vengo a mi río a bañarme y floto, como si estuviera muerta, abro despacio los ojos al cielo y me pregunto;

¿A caso te quedaste sin tiempo que ya no sueñas?, ¿acaso te quedaste sin palabras tiernas que ya no te puedo oír?.

Supongo que a veces deberíamos parar por tan solo un segundo y gritarle al mundo que aún estamos aquí, hacernos oír, que a veces nos quedamos dormidos pero que seguimos luchando, ya sabemos que nos llamaran locos, pero prefiero resurgir a estar entre desganas de muchos que no saben lo importante de las palabras, de no dejar nunca de soñar o simplemente lo que es vivir.




viernes, 16 de agosto de 2019

Pequeñas estrellas.




Y ahí estás... de nuevo ocupando esos pequeños espacios que en determinados momentos aparecen llenos de magia y que tan asombrosamente hacen que se ralentice el mundo. Pequeños espacios de tiempo donde los colores cambian tomando siempre tonos que reconfortan el alma, donde se apagan las voces y la calma frágilmente se posa en el pecho... Y respiro. Cojo despacio y profundo el aire, para luego soltarlo con mucho cuidado... y te veo, formado por miles de puntos de luz, me sonríes para a continuación irte, dejando tras de ti pequeñas estrellas fugaces. 
Hoy apareciste sentado en la habitación en la que guardabas miles de libros, en tu butaca de castaño forrada de piel fina y verde, tan verde como tus ojos, colocada justo en la esquina, al lado de un ventanal enorme al que nunca le pusiste cortinas. Estabas leyendo un viejo libro,de esos que dan miedo pasarle las hojas, por temor a quedarte con ellas entre los dedos. Tenías las piernas cruzadas y aún olía la estancia a ese tabaco de pipa que tanto me gusta. Me dijiste "Ven" con la sonrisa en la cara y al irme a sentar, noté la suavidad de aquella piel verde, lo cómodo del asiento en el que ya no estabas, crucé las piernas bajo mi falda de seda, apoyé la libreta de escribir historias mientras observaba caer la última estrella y sonreí...