viernes, 16 de noviembre de 2018

Las balas de una astronauta



Lo cierto es que dueles, 
que sigues doliendo... que me quedé con aquello 
de que era valiente lanzar un 
"te quiero"(aunque tú no lo hicieras) a tu corazón,
cada vez que me subía a la boca, 
estuvieras cerca o no.

Lo cierto es que la vida me habla de mil cobardías, 
ahora que escucho,
de los muchos intentos que se hacen y no cuentan,  
y de lo fácil que es quedar flotando 
como un astronauta entre las sobras de un recuerdo,
unas palabras o aquél momento que nos marcó.

Y vuelo, vuelo entre restos, 
amo, sufro, lloro, 
floto, 
caigo en el vacío inerte de mi propio espacio.

Lo cierto es que a veces te echo de menos,
me muerdo la lengua y me hundo en este cielo negro
que ya no tiene estrellas que compartir.

... 


Supongo que no se puede cruzar la línea de fuego
sin recibir una bala y que esta tristeza que tengo
es por aquellas que me tocaron en la batalla. 

lunes, 1 de octubre de 2018

Alfileres



Es cierto que en ocasiones intento sujetar lo efímero de un momento con alfileres en mi memoria, temo que si no lo hago llegará un día en que ya no recuerde aquello, que por una u otra cuestión, quiero conservar para siempre, para siempre... por siempre. Recuerdo cuando sentada en un viejo tronco muy cerca del río, te decía aquello de "por siempre con un te quiero, suena a dulce eternidad".
Recuerdo cómo parecía tener entonces todo otra forma, otro color...y es que cuando el corazón se entretiene, siempre nos da otro punto de vista, otra perspectiva, otro cristal de colores por el que ver ilusiones, esperanzas y sueños.

Y voy prendiendo con alfileres esos momentos, voy llenando de colores mi memoria, en ocasiones hasta engancho los más bonitos a mi larga falda, así están más cerca y puedo verlos a cada instante. Y los días en los que el viento despeina a todos, corro a las colinas para hacer bailar recuerdos. Y bailo, bailamos todos, reímos de nuevo juntos, abrazo aquello que tanto quiero y que hace tanto se quedó muy lejos. Momentos...momentos que traen lugares, personas. Momentos que traen el olor de aquellas tardes pegados en la cocina bañando de chocolate negro las mandarinas, el sabor del pastel de pera, el primero de nuestros bailes, las luces de las luciérnagas en el camino del valle.

Guardo en mi costurero alfileres de plata vieja, unos con bolitas de perla en uno de sus extremos, otros con estrellas en sus cabezas y los más viejos que tengo, unos poquitos de oro, los guardo para el futuro, por si tú me los pidieras.

Momentos, recuerdos, sueños... miedos. Tengo miedo de olvidar aquello.

miércoles, 13 de junio de 2018

El teatro.




Supongo que una vez que ha pasado el tiempo, lo más lógico es ir arrancando los escenarios, como si fueran cortinas que se han quedado descoloridas, polvorientas, gastadas, llenas de recuerdos y polillas que mueren creyéndose mariposas de lujo entre terciopelos rojos roídos en un teatro demasiado viejo...(sigo repitiendo finales con la cabeza lejos, donde el cartel indica “ninguna parte” y la mirada se pierde. Me quedo muda, y tras unos minutos en el que parece regresas, despierto. A veces con una sonrisa en la boca... otras vuelvo sintiendo culpa, pensando que olvido traer algún que otro final feliz aquí o allí. Quien sabe en realidad el lado en el que estoy).

 ¿Y ahora?...
Ahora ha pasado el tiempo. Ya no hay títeres con cabeza, no hay público ni princesa, no hay amapolas, ni fuentes, ni cuentos que se entremezclan, ni brujas pintando las rosas, ni ruecas pinchando a nadie. Aunque si escuchas atento, de fondo aún puede oírse, a Dorothy cantando su "somewhere over the rainbow", o melodías muy dulces como la que me acompaña últimamente en mis subidas al faro. Algún día te enseñaré el lugar desde el que te escribo. Me siento en un banco ancho, mirando pasar los barcos, ¡se parece todo tanto! que en ocasiones no sé en qué lado estoy, si en la colina de mi pequeño pueblo, o en unos de mis escenarios.

Ahora no recuerdo dónde guardé mis zapatos rojos, tan rojos como el telón del fondo, como el de las últimas amapolas. Los chasqueaba impaciente después de cogerte fuerte para escapar juntos de este mundo de siempre, de la rutina diaria que intentaba devorarnos la vida, de los momentos en los que estábamos de capa caída o tiempos difíciles que sin más, alguien intentaba llenar de rabia. Huíamos de todo eso buscando nuestro mundo perfecto.
 Ahora toca abrir las ventanas, dejar pasar al aire y que corra dentro, necesito hacerlo todo volar, necesito agitar mis sueños y volar, volar con ellos. Sueños que se paran nunca consiguen movernos.

Aquí, todo sigue igual, todo está en el mismo lugar, aunque lleno de polvo. La mesa sigue con los cubiertos puestos, la cama llena de pétalos secos. Los últimos no me olvides han muerto y apagadas están las estrellas que tanto me afanaba en pintar. No sé, no sé si podré arreglar este desastre, y aún me queda contemplar mi querida colina. Seguro ya no habrá camino de piedras, que los árboles habrán muerto abrazándose solos con sus ramas secas. Prendí en el pasado cientos de notas de amor en sus troncos y hoy regreso temiendo que mis viejos sauces secaran llorando como en un tiempo pasado lo hice yo.
No sé...no sé si podré arreglarlo pero qué pasaría si no lo intento, qué pasaría si olvido para siempre este mi reino.
A la de una, a la de dos... a la de tres, regreso.