jueves, 15 de septiembre de 2016

Las pequeñas cosas que nos salvan



Fuiste un cúmulo de afortunadas coincidencias llegadas demasiado tarde y aunque ambos sabíamos que era así, cada vez que nos encontrábamos, nos gustaba pensar que podíamos cambiar tiempo y espacio, creando nuestro propio mundo a salvo de los demás, juntos, abrazados, de la mano, pegados el uno al otro o rozándonos con la mirada en el mismo cuarto. Lo hacíamos saltando sin paracaídas sobre nuestros cuerpos sabiendo que éramos uno colchón del otro; jugando a cabalgar por las calles oscuras, subida a tu espalda, tras tomarnos la última en el bar más viejo de la calle Esperanza, ese que se llenaba de gente y tú no había noche que no aprovecharas descaradamente para meter tu mano bajo la falda, e incluso lo hacíamos riéndonos, riéndonos de la estupidez de los que no sabían de estudios tan concienzudos como los nuestros, sobre cuántos besos cabían entre tu oreja izquierda, girando por el cuello hasta llegar a tu hombro derecho, o desde mi boca al ombligo sin hacer paradas...
Íbamos disfrutando de esa manera de las pequeñas cosas, juntos, abrazados, cogidos de la mano. Cosas como la locura de querernos cada día más, como ver llover tras las ventanas esperando que el aguacero se fuera para abrirlas y oler a tierra mojada... Cosas como lo de escaparnos cada cierto tiempo para volver a la habitación de aquél hotel donde me desnudabas la primera vez, o como callarnos cuando en el coche poníamos al Último de la fila y al llegar a "aviones plateados" dejábamos de cantar para escucharla... Te conocí rondándome con tu coche rojo, poniendo sus canciones viejas, fumando Marlboro y haciéndote el despistado para que no supiera que andabas buscándome en tus horas muertas.
Sí, puede que llegaras demasiado tarde, pero qué importancia tenía. Me fabricaste un mundo en el que me sentía a salvo con un puñado de afortunadas coincidencias, que terminaron siendo previstas casualidades y me gustaba eso, no sabes cuanto me gustaba eso.

domingo, 28 de agosto de 2016

Canciones que me cuentan de ti.




La vida es algo más que esos minutos de éxtasis que le sirven de inspiración al poeta que sólo habla de amor, es algo más que innumerables días tachados en el calendario recordando que no te he visto desde entonces, es algo más que un puñado de canciones de Sabina a la hora de apagar gemidos en un piso donde los vecinos hablan de ti, de mi, de este u el otro, y más que el tema de Rulo cantando "Heridas de rock & roll" cuando te echo de menos. La vida es algo más que los suspiros descontrolados que se inhiben ante la desconfianza, más que dedicarle unos minutos, después del trabajo, a tantos y tantos sueños. Es más que conformarse de puerta para afuera con lo que hay, cuando dentro, muy dentro, ansías otras cosas... es más que decir genial cuando te incomoda todo y es más que llorar por ver inalcanzable lo que sabes no llegará por mucho que esperes. La vida es más que hablar de uno mismo o de aquél, o aquella que te sumerge en deseos, es más que esperar llegue una nube cargada de agua cuando te estás quemando o un edredón quita miedos en la taciturna soledad que hiela. La vida son muchas, quizás demasiadas cosas si nos ponemos a pensar, pero qué estúpido y reconfortante a la vez, dejar de hacerlo cuando te tengo cerca y caer en la espiral infinita de creer que sólo contigo las cosas funcionan. 
Y es que tú y solamente tú, me salvas de mis precipicios.


viernes, 15 de julio de 2016

Besos de Coca-cola.





El amor cuando aparece no tiene plan "b" por si salen mal las cosas, no va buscando salidas de emergencia. Nos vuelve incautos, niños, tiernos, locos, tontos e incluso románticos hasta el empalago. La vida no es tan mierda, e inocente se presenta con mil posibles bajo el brazo, o bueno... unos cuantos, ver un puñado de puedos factibles hace perder la cuenta al mal acostumbrado. Contar estrellas ya no parece estúpido, da igual si se hace en un campo de amapolas rojas o desde la cama de tu cuarto, la cosa va de crear constelaciones nuevas que vayan desde tu risa hasta la nuca, desde la nuca hasta el ombligo y desde el ombligo hasta los labios. Llega rompiendo reglas, dejando palabras dulces, embelesando, poniendo patas arriba versos que hablan del brillo especial en los ojos, de pechos que se desbocan... de suaves caricias furtivas en calles oscuras, en parques, sentados en un restaurante o en la sala de un cine del centro, donde se mezcla el sabor de la Coca-cola extra grande, con besos de los que ahogan;
apasionados, largos, profundos, sin prisas... con mariposas.

El amor cuando aparece, nos hace brindar con el "de aquí a un año y a seguir disfrutándolo", y mientras bebes, lo que sea, la cabeza te dice que le parece corto, ¿qué brindis es ese?, diantres ¡que dure! y haya un siguiente, y un siguiente del siguiente, hasta hacernos viejitos y quedarnos sentados mirando pelis de las que nos gustan a todas horas, aunque lo único que hagamos sea dormir la siesta en el sofá abrazados, hablar de la vecina de enfrente o sacar algún recuerdo que haga sentirnos nostálgicos... y entonces nos daremos cuenta de todos los años pasados, de lo mucho que nos hemos querido y que arrugados seguimos siendo uno del otro centro y juntos pudimos con la aventura de amarnos.

El amor lo que tiene es que te despeina los sentimientos, tiene lo bonito de ir de la mano... es un luchar juntos cuando las fuerzas flaquean, no siempre se está arriba, que el mundo a veces nos contamina. Es estar cuando uno se viene abajo cargado de oscuros cuando no hay claros. Es perdonar a tiempo, es saber que sólo contigo puedo defender el castillo teniéndote al lado, aunque mis posesiones sean sólo quererte, un piso pequeño y aquél tirachinas de niña que sigo guardando. 
¡El amor es tanto!, que cuando no se tiene o no aparece, deberíamos parar el tiempo y preguntarnos qué es eso que nos impide poder encontrarlo.